Freud va a diferenciar la sexualidad en el ser humano del resto de los animales y define para ello el concepto de "pulsión" diferenciada del "instinto" propio del mundo animal. Mientras que el instinto alude a una serie de comportamientos preformados y hereditarios, adaptados a un único tipo de objeto, la pulsión en cambio, admite variabilidad y es en sí misma una representación, la representación psíquica de los estímulos provenientes del interior del cuerpo.
Como señala Abadi, la sexualidad humana tiene que ver más con los aspectos psíquicos que con un hecho biológico, en la medida que pasa a ser un vehículo de un proceso de significación. El tejido de la sexualidad humana, constituiría más una verdadera “psicosexualidad” en tanto que el impulso biológico viene a estar recubierto por una serie compleja de representaciones y estructuras ideo-afectivas.
La pulsión constituye un concepto central para la comprensión de este fenómeno, que da cuenta de las complejidades en las que se inscribe la sexualidad y de sus atravesamientos somáticos y culturales. En un mismo concepto encontramos representado en un polo lo biológico, filogenético, fisiológico, etc. y en otro extremo el objeto en relación con otros, implicado y determinado culturalmente. El espacio psíquico se constituye en esta multi frontera, como un sistema abierto y zona de intercambio. Resulta por demás difícil dar cuenta de límites precisos en dichas transacciones y separar objeto de deseo, cuando este es parte fundante del aquel, es “objeto causa de deseo”, deseamos en definitiva aquello que tiene representación, lo que el medio cultural nos provee.
Las etapas libidinales recorridas por el niño (oral, sádico-anal y genital) dan cuenta de la variabilidad de objetos que admite la pulsión sexual para su satisfacción. Dicho peregrinar, en un sentido amplio, nunca tiene fin, ya que la pulsión busca aquello que le falta. En este sentido hablamos de la sexualidad no ligada a lo genital. El psicoanálisis ha ampliado la noción de sexualidad en cuanto a su extensión ya que abarca no sólo la actividad genital, sino toda la actividad humana. El impulso sexual sublimado será el que se encuentre detrás de la búsqueda y logro de objetivos socialmente valorados como estudiar una carrera o realizar tal o cual emprendimiento.
Cuando el desencuentro del objeto y la pulsión adquieren niveles clínicos de padecimiento podemos hablar de sufrimiento histérico.
El histérico, en su empresa puesta al objetivo de la insatisfacción, renovará siempre la búsqueda de un ideal inalcanzable, que atraviesa el tipo de relaciones objetales que construye. Ya se trate de la búsqueda de una pareja, su vocación profesional o inclusive la elección de un nuevo par de zapatos, no se encuentra nunca satisfecho. Más aún, aquello que no ha elegido, la pareja que no tiene, el otro par de zapatos que fue descartado, en definitiva el camino que aún no ha recorrido, es lo que renueva siempre su ilusión de completud.
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2 de febrero de 2015
12 de enero de 2015
La perversión
Para el psicoanálisis y su clínica, el concepto de perversión constituye un elemento esencial dentro de su edificio teórico, puesto que designa, junto a la neurosis y la psicosis, una de las tres posiciones subjetivas estructurales. A partir de los aportes de Freud comienza a reconocerse la impronta de una dinámica propia de los procesos perversos. Freud va a diferenciar los puntos de anclaje de la perversión en relación a la “sexualidad normal” y a otorgarle una identidad propia, con una configuración libidinal y mecanismos defensivos singulares.
El devenir a la pulsión sexual vinculada originariamente a la oralidad, culmina, según la concepción freudiana, con el acceso a genitalidad. Las etapas iniciales oral, sádico-anal y genital, son parte fundamental del proceso de construcción de la sexualidad humana, que culmina en la adolescencia. La tesis de Freud se constituye en el supuesto de que la pulsión sexual se orienta hacia la genitalidad heterosexual; la meta de la pulsión “normal” y esperable, es la búsqueda de un placer genital con los órganos del otro sexo. Pero advierte Freud que dicho devenir está expuesto a múltiples fracasos y encuentra que la pulsión admite variaciones en cuanto al objeto o la meta.
El objeto constituye de por sí la parte más variable de la pulsión sexual, como señala en 1915 en “Pulsiones y destinos de pulsión”. A lo largo de las etapas libidinales que atraviesa la pulsión el objeto cambia de acuerdo a la predominancia erógena. Será en un comienzo el pecho materno, o las heces, el objeto externo que permanecerá ligado a la satisfacción pulsional. La homosexualidad consistiría según esta perspectiva en una variación, también, de la pulsión en cuánto al objeto.
Si la sexualidad humana se orienta a la genitalidad y esta debe pasar para constituirse como tal por las fases previas descriptas por Freud, la perversión resulta de un anclaje libidinal a alguno de dichos estadios. Pero aún cuándo se haya garantizado el acceso a la genitalidad señalada, esta no logra prescindir por completo de la satisfacción de la vía perversa. Los resabios del tránsito de la pulsión en búsqueda de satisfacciones parciales son integrados a la genitalidad como los juegos previos a la consumación del acto sexual. A diferencia de la mayoría de los sujetos, el perverso ha transmutado la meta de la pulsión, que ya no está orientada a la búsqueda y el placer genital, por el placer ligado a un objeto fetiche que lo sustituye. Lo que para el neurótico deviene en la construcción de juegos introductorios a la consumación sexual, son para el perverso el fin último de la pulsión.
Freud considera la perversión como el “negativo de la neurosis”. La frase, que ha traído no pocas polémicas, viene a señalar que el síntoma neurótico encierra el mismo origen pulsional que el perverso. A diferencia del perverso el neurótico vive su sexualidad en privado, escenario ideal para sus fantasías que no logra poner en acto. Sucumbe a la represión del goce y se resigna a sostener un deseo insatisfecho. El fantasma del neurótico sería esencialmente el mismo que el del perverso, sólo que este vive con el otro su fantasma y lo incluye con o sin su consentimiento.
Si la clínica de la neurosis es la clínica del deseo, la de la perversión se constituye como la clínica del goce. El imperativo perverso señala que no es posible dejar de gozar. El neurótico se cuida a sí mismo de arder en la pasión del goce y crea las estructuras e instituciones sociales necesarias que le garantizan la represión del mismo. Si las normas instituidas existen en la medida de sostener la insatisfacción del neurótico no sorprende que el perverso se proclame contrario a ellas. Pero más que buscar la transgresión de la ley el perverso busca no transgredir su propia ley, aquella que señala el goce como destino.
En 1915 Freud define dos destinos pulsionales características de los procesos perversos: el “trastorno hacia lo contrario” (de la actividad a la pasividad) y la “vuelta hacia la persona propia”. Pero, posteriormente incluirá el concepto de pulsión de muerte, reformulando la doctrina de las pulsiones y con ello sus teorizaciones entorno al sadismo y la perversión. La categorización que realiza Freud entre pulsión de muerte y Eros implica una relación de subordinación de los componentes sádicos normales de la pulsión, puestos al servicio de la autoconservación del individuo (y la especie). Así, la pulsión de muerte se encuentra subordinada a Eros.
El sadismo constituiría la exteriorización de la pulsión destructiva fuertemente ligada a la pulsión sexual. En él se invertiría dicha subordinación y la meta erótica es puesta a favor de la pulsión destructiva. El entramado Muerte y Vida siempre estaría presente para Freud, aún cuando la pulsión destructiva emerge sin propósito sexual, se reconoce la satisfacción narcisista subyacente, a favor de los deseos de omnipotencia del yo.
El devenir a la pulsión sexual vinculada originariamente a la oralidad, culmina, según la concepción freudiana, con el acceso a genitalidad. Las etapas iniciales oral, sádico-anal y genital, son parte fundamental del proceso de construcción de la sexualidad humana, que culmina en la adolescencia. La tesis de Freud se constituye en el supuesto de que la pulsión sexual se orienta hacia la genitalidad heterosexual; la meta de la pulsión “normal” y esperable, es la búsqueda de un placer genital con los órganos del otro sexo. Pero advierte Freud que dicho devenir está expuesto a múltiples fracasos y encuentra que la pulsión admite variaciones en cuanto al objeto o la meta.
El objeto constituye de por sí la parte más variable de la pulsión sexual, como señala en 1915 en “Pulsiones y destinos de pulsión”. A lo largo de las etapas libidinales que atraviesa la pulsión el objeto cambia de acuerdo a la predominancia erógena. Será en un comienzo el pecho materno, o las heces, el objeto externo que permanecerá ligado a la satisfacción pulsional. La homosexualidad consistiría según esta perspectiva en una variación, también, de la pulsión en cuánto al objeto.
| Masoch el inspirador de la palabra masoquismo |
Freud considera la perversión como el “negativo de la neurosis”. La frase, que ha traído no pocas polémicas, viene a señalar que el síntoma neurótico encierra el mismo origen pulsional que el perverso. A diferencia del perverso el neurótico vive su sexualidad en privado, escenario ideal para sus fantasías que no logra poner en acto. Sucumbe a la represión del goce y se resigna a sostener un deseo insatisfecho. El fantasma del neurótico sería esencialmente el mismo que el del perverso, sólo que este vive con el otro su fantasma y lo incluye con o sin su consentimiento.
Si la clínica de la neurosis es la clínica del deseo, la de la perversión se constituye como la clínica del goce. El imperativo perverso señala que no es posible dejar de gozar. El neurótico se cuida a sí mismo de arder en la pasión del goce y crea las estructuras e instituciones sociales necesarias que le garantizan la represión del mismo. Si las normas instituidas existen en la medida de sostener la insatisfacción del neurótico no sorprende que el perverso se proclame contrario a ellas. Pero más que buscar la transgresión de la ley el perverso busca no transgredir su propia ley, aquella que señala el goce como destino.
En 1915 Freud define dos destinos pulsionales características de los procesos perversos: el “trastorno hacia lo contrario” (de la actividad a la pasividad) y la “vuelta hacia la persona propia”. Pero, posteriormente incluirá el concepto de pulsión de muerte, reformulando la doctrina de las pulsiones y con ello sus teorizaciones entorno al sadismo y la perversión. La categorización que realiza Freud entre pulsión de muerte y Eros implica una relación de subordinación de los componentes sádicos normales de la pulsión, puestos al servicio de la autoconservación del individuo (y la especie). Así, la pulsión de muerte se encuentra subordinada a Eros.
El sadismo constituiría la exteriorización de la pulsión destructiva fuertemente ligada a la pulsión sexual. En él se invertiría dicha subordinación y la meta erótica es puesta a favor de la pulsión destructiva. El entramado Muerte y Vida siempre estaría presente para Freud, aún cuando la pulsión destructiva emerge sin propósito sexual, se reconoce la satisfacción narcisista subyacente, a favor de los deseos de omnipotencia del yo.
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Psicoanálisis
19 de septiembre de 2014
Las estructuras clínicas en el psicoanálisis
¿De qué hablamos cuando hablamos de estructura neurótica, perversa o psicótica de la personalidad?
Estructura deriva del latín structura que viene a su vez del verbo struere. Su primer uso fue en la arquitectura para designar la manera en la que se construye un edificio. En el campo de las ciencias sociales es Ferdinand de Saussure quien le dio relevancia a este término y los fundadores de la escuela de Praga, Troubetzkoy y Jakobson, quienes lo llevaron al campo del pensamiento denominado estructuralista. Esta corriente considera la lengua como un sistema en el cual los diversos elementos ofrecen entre sí una relación de solidaridad y dependencia tal que forman una estructura. En el campo de la antropología es Lévi-Strauss, quien retomando los aportes de Saussure, va a proponer una Antropología estructural. El enfoque metodológico estructuralista se interesará por estudiar las interrelaciones (las estructuras) a través de las cuales se produce el significado dentro de una cultura. De acuerdo con la teoría estructural, dentro de una cultura el significado es producido y reproducido a través de varias prácticas, fenómenos y actividades que sirven como sistemas de significación. Una estructura no es pues una realidad empírica observable sino un modelo explicativo teórico construido como hipótesis.
La noción de estructura en psicoanálisis es posfreudiana y surge a partir de la obra de Lacan, quien elaboró una teoría del inconsciente estructurado como lenguaje. Lacan, a su vez, permite pensar al sujeto inmerso en una relación con un Otro que lo sobredetermina. Es decir, la estructura que Lacan da cuenta se ubica más allá del sujeto, lo preexiste y por tanto es un enfoque netamente estructuralista el que propone. Como señala Torres (2005) el sujeto en Lacan no es un sujeto que está desde el inicio, sino que lo que está allí es el Otro. De acuerdo a cómo se de esa relación con el Otro será el sujeto que encontraremos. El concepto de sujeto en Lacan, muestra que el sujeto está siendo hablado por el Otro. Recibe del Otro un texto, significante, que al tiempo que lo recibe lo mortifica. Lacan lo ilustra con una metáfora de un pez que se traga un anzuelo y para cuando se lo tragó, ya está dentro, ya está hablado por el Otro. Pero aunque no encontramos noción de estructura en Freud, la idea de inconsciente ligado al lenguaje recorre su obra. El inconsciente freudiano es un saber sin sujeto que se ubica y lo determina más allá de su propia consciencia. Por otro lado, el descubrimiento del funcionamiento de la neurosis, como la estructura central, va a ser un punto de referencia constante en su obra para pensar las demás categorías.
Uno de los autores que aborda el tema de las estructuras clínicas desde el psicoanálisis es Joel Dor (2006), para quien la estructura de un sujeto se caracteriza ante todo por un perfil predeterminado de la economía de su deseo, regida esta por una trayectoria estereotipada. Desde el punto de vista de la estructura, el primer momento decisivo es aquel en que se esboza el cuestionamiento de la identidad fálica. Dentro de la economía del deseo del niño es la llegada de la función fálica, y su consiguiente modo de resolución, lo que precipita una modalidad de inscripción singular en el sujeto. La dinámica edípica reposiciona al sujeto en relación a su deseo. La angustia frente a la comprobación de la castración de la madre es el origen de las reacciones defensivas destinadas a neutralizar dicha angustia. Dichas construcciones psíquicas defensivas van a predeterminar y orientar el curso de la economía psíquica del sujeto bajo ciertas modalidades, que para Dor son las que actualmente designamos en términos de estructura psíquica.
Al referirnos a la idea de estructura psíquica, entonces, estamos señalando tanto una modalidad defensiva como una economía del deseo particular, que es posible historizar en el sujeto a modo de trayectorias estereotipadas. La distinción freudiana entre neurosis y perversión, supone una diferencia del punto de anclaje de estas estructuras en la dialéctica edípica, al tiempo que señala las diferencias de las estrategias defensivas implementadas en uno y otro caso. Para el caso de la psicosis, el mismo Freud estaría interesado en encontrar el mecanismo de defensa particular que en un principio conceptualizara bajo el nombre de “renegación”. Será Lacan, quien continuará dicho interés proponiendo el concepto de “forclusión” como la operación defensiva fundante de la estructura psicótica.
Dor, J. (2006). Las estructuras clínicas y psicoanálisis. Buenos aires: AmorrortuEstructura deriva del latín structura que viene a su vez del verbo struere. Su primer uso fue en la arquitectura para designar la manera en la que se construye un edificio. En el campo de las ciencias sociales es Ferdinand de Saussure quien le dio relevancia a este término y los fundadores de la escuela de Praga, Troubetzkoy y Jakobson, quienes lo llevaron al campo del pensamiento denominado estructuralista. Esta corriente considera la lengua como un sistema en el cual los diversos elementos ofrecen entre sí una relación de solidaridad y dependencia tal que forman una estructura. En el campo de la antropología es Lévi-Strauss, quien retomando los aportes de Saussure, va a proponer una Antropología estructural. El enfoque metodológico estructuralista se interesará por estudiar las interrelaciones (las estructuras) a través de las cuales se produce el significado dentro de una cultura. De acuerdo con la teoría estructural, dentro de una cultura el significado es producido y reproducido a través de varias prácticas, fenómenos y actividades que sirven como sistemas de significación. Una estructura no es pues una realidad empírica observable sino un modelo explicativo teórico construido como hipótesis.
La noción de estructura en psicoanálisis es posfreudiana y surge a partir de la obra de Lacan, quien elaboró una teoría del inconsciente estructurado como lenguaje. Lacan, a su vez, permite pensar al sujeto inmerso en una relación con un Otro que lo sobredetermina. Es decir, la estructura que Lacan da cuenta se ubica más allá del sujeto, lo preexiste y por tanto es un enfoque netamente estructuralista el que propone. Como señala Torres (2005) el sujeto en Lacan no es un sujeto que está desde el inicio, sino que lo que está allí es el Otro. De acuerdo a cómo se de esa relación con el Otro será el sujeto que encontraremos. El concepto de sujeto en Lacan, muestra que el sujeto está siendo hablado por el Otro. Recibe del Otro un texto, significante, que al tiempo que lo recibe lo mortifica. Lacan lo ilustra con una metáfora de un pez que se traga un anzuelo y para cuando se lo tragó, ya está dentro, ya está hablado por el Otro. Pero aunque no encontramos noción de estructura en Freud, la idea de inconsciente ligado al lenguaje recorre su obra. El inconsciente freudiano es un saber sin sujeto que se ubica y lo determina más allá de su propia consciencia. Por otro lado, el descubrimiento del funcionamiento de la neurosis, como la estructura central, va a ser un punto de referencia constante en su obra para pensar las demás categorías.
Uno de los autores que aborda el tema de las estructuras clínicas desde el psicoanálisis es Joel Dor (2006), para quien la estructura de un sujeto se caracteriza ante todo por un perfil predeterminado de la economía de su deseo, regida esta por una trayectoria estereotipada. Desde el punto de vista de la estructura, el primer momento decisivo es aquel en que se esboza el cuestionamiento de la identidad fálica. Dentro de la economía del deseo del niño es la llegada de la función fálica, y su consiguiente modo de resolución, lo que precipita una modalidad de inscripción singular en el sujeto. La dinámica edípica reposiciona al sujeto en relación a su deseo. La angustia frente a la comprobación de la castración de la madre es el origen de las reacciones defensivas destinadas a neutralizar dicha angustia. Dichas construcciones psíquicas defensivas van a predeterminar y orientar el curso de la economía psíquica del sujeto bajo ciertas modalidades, que para Dor son las que actualmente designamos en términos de estructura psíquica.
Al referirnos a la idea de estructura psíquica, entonces, estamos señalando tanto una modalidad defensiva como una economía del deseo particular, que es posible historizar en el sujeto a modo de trayectorias estereotipadas. La distinción freudiana entre neurosis y perversión, supone una diferencia del punto de anclaje de estas estructuras en la dialéctica edípica, al tiempo que señala las diferencias de las estrategias defensivas implementadas en uno y otro caso. Para el caso de la psicosis, el mismo Freud estaría interesado en encontrar el mecanismo de defensa particular que en un principio conceptualizara bajo el nombre de “renegación”. Será Lacan, quien continuará dicho interés proponiendo el concepto de “forclusión” como la operación defensiva fundante de la estructura psicótica.
Torres, M. (2005). Clínica de las neurosis. Buenos Aires: Cuadernos del ICBA
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Psicoanálisis
Marihuana y despenalización
¿Desde el punto de vista de la salud mental es aconsejable la legalización del consumo de marihuana? ¿Es posible pensar al cannabis como una "droga blanda" cuando en verdad puede desencadenar cuadros graves como la psicosis?
Nos permitimos reflexionar en torno a estas cuestiones a raíz del caso de Uruguay y del comunicado que ha realizado la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay en relación al proyecto de Ley de legalización del consumo. Allí se habla de los efectos negativos sobre la salud ya que la marihuana puede inducir episodios psicóticos agudos, siendo un factor de riesgo, además, para la esquizofrenia, precipitando el inicio de la misma en edades más tempranas en un número pequeño pero significativo de jóvenes, actuando como factor crítico aunque no único. También, que influye sobre la evolución de la esquizofrenia establecida aumentando las descompensaciones. Por otra parte, que el consumo puede inducir la aparición de trastornos del estado del ánimo e incidir sobre su frecuencia e intensidad y si bien los estudios no son concluyentes, acentuar el riesgo de autoeliminación. Se señala que puede desencadenar crisis de pánico enumerando una serie de efectos adversos físicos como: taquicardia, hipotensión, broncodilatación, aumento del riesgo de cáncer, alteraciones inmunitarias, de las hormonas sexuales y del eje hipotálamo-hipófisoadrenal, entre otras. Todo lo cual hace evidentemente relativizar bastante la idea de droga “blanda”, aún cuando los efectos sobre el organismo o el estado mental del sujeto sean menores que con otras sustancias queda la pregunta de si hay una medida o un umbral entre lo que consideramos podría ser permitido y aquello que no. ¿Por qué se consideran estos efectos “leves o moderados” cuando al mismo tiempo se debe reconocer que la marihuana puede desencadenar la psicosis en un sujeto? Aunque en el caso de la psicosis no podamos asegurar que esta sea la única causa y que como toda enfermedad mental, su origen será siempre multicausal; aún así, la cuestión que se nos plantea en un hipotético caso en que se desencadene una psicosis a raíz del uso de la droga, es que el cuadro no se habría desencadenado de no haber mediado la sustancia. Por cierto que un cuadro psicótico significa una afectación grave en la salud mental del sujeto, constituyéndose en un trastorno crónico, sin retroceso y esto está muy lejos en nuestra concepción de ser considerado como algo “leve o moderado”.
Volviendo al comunicado de la Asociación de Psiquiatría del Uruguay, concluyen diciendo que:
“En suma, a partir de la información científica consignada, es claro que desde el punto de vista médico es desaconsejable toda acción que facilite el uso de cannabis. Creemos que si desde el Estado se dan señales de que su utilización es inocua o aún positiva, se aumenta el riesgo de efectos nocivos para la salud pública.”
La cuestión, entonces, de considerar a la marihuana una droga “blanda” podría ser válida en relación a la dependencia física que genera pero no parece un indicador serio del grado de nocividad de la misma. Si reconocemos que el efecto en la salud mental puede ser muy negativo esto no va a ser necesariamente siempre así ya que no todo consumidor va a desencadenar por ejemplo una psicosis, esto va a depender de la estructura de la personalidad de base. Pero sí parece ser un elemento de riesgo claro para determinado grupo de sujetos, resulta cuestionable comparar drogas y decir que la marihuana es menos nociva que la cocaína u otras drogas. Parecería más bien una lógica que se establece en relación a una mayoría que representaría la norma, pero en la cual quedan excluidas otro tipo de subjetividades que conforman el entramado social. La nocividad implica una serie de variables, de la estructura psíquica del sujeto por un lado, pero también del organismo de cada consumidor y hasta de la calidad de la sustancia. Por otro lado, intervienen factores sociales como los que favorecen la marginalidad de los consumidores, ya que se los obliga a vincularse con la real delincuencia de los dealers, de donde se nutren de la sustancia y por otro lado se los discrimina, “drogones”, “ciudadanos de segunda”, “desviados”, “delincuentes” en tanto son sometidos a un proceso penal.
Nos permitimos reflexionar en torno a estas cuestiones a raíz del caso de Uruguay y del comunicado que ha realizado la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay en relación al proyecto de Ley de legalización del consumo. Allí se habla de los efectos negativos sobre la salud ya que la marihuana puede inducir episodios psicóticos agudos, siendo un factor de riesgo, además, para la esquizofrenia, precipitando el inicio de la misma en edades más tempranas en un número pequeño pero significativo de jóvenes, actuando como factor crítico aunque no único. También, que influye sobre la evolución de la esquizofrenia establecida aumentando las descompensaciones. Por otra parte, que el consumo puede inducir la aparición de trastornos del estado del ánimo e incidir sobre su frecuencia e intensidad y si bien los estudios no son concluyentes, acentuar el riesgo de autoeliminación. Se señala que puede desencadenar crisis de pánico enumerando una serie de efectos adversos físicos como: taquicardia, hipotensión, broncodilatación, aumento del riesgo de cáncer, alteraciones inmunitarias, de las hormonas sexuales y del eje hipotálamo-hipófisoadrenal, entre otras. Todo lo cual hace evidentemente relativizar bastante la idea de droga “blanda”, aún cuando los efectos sobre el organismo o el estado mental del sujeto sean menores que con otras sustancias queda la pregunta de si hay una medida o un umbral entre lo que consideramos podría ser permitido y aquello que no. ¿Por qué se consideran estos efectos “leves o moderados” cuando al mismo tiempo se debe reconocer que la marihuana puede desencadenar la psicosis en un sujeto? Aunque en el caso de la psicosis no podamos asegurar que esta sea la única causa y que como toda enfermedad mental, su origen será siempre multicausal; aún así, la cuestión que se nos plantea en un hipotético caso en que se desencadene una psicosis a raíz del uso de la droga, es que el cuadro no se habría desencadenado de no haber mediado la sustancia. Por cierto que un cuadro psicótico significa una afectación grave en la salud mental del sujeto, constituyéndose en un trastorno crónico, sin retroceso y esto está muy lejos en nuestra concepción de ser considerado como algo “leve o moderado”.
Volviendo al comunicado de la Asociación de Psiquiatría del Uruguay, concluyen diciendo que:
“En suma, a partir de la información científica consignada, es claro que desde el punto de vista médico es desaconsejable toda acción que facilite el uso de cannabis. Creemos que si desde el Estado se dan señales de que su utilización es inocua o aún positiva, se aumenta el riesgo de efectos nocivos para la salud pública.”
La cuestión, entonces, de considerar a la marihuana una droga “blanda” podría ser válida en relación a la dependencia física que genera pero no parece un indicador serio del grado de nocividad de la misma. Si reconocemos que el efecto en la salud mental puede ser muy negativo esto no va a ser necesariamente siempre así ya que no todo consumidor va a desencadenar por ejemplo una psicosis, esto va a depender de la estructura de la personalidad de base. Pero sí parece ser un elemento de riesgo claro para determinado grupo de sujetos, resulta cuestionable comparar drogas y decir que la marihuana es menos nociva que la cocaína u otras drogas. Parecería más bien una lógica que se establece en relación a una mayoría que representaría la norma, pero en la cual quedan excluidas otro tipo de subjetividades que conforman el entramado social. La nocividad implica una serie de variables, de la estructura psíquica del sujeto por un lado, pero también del organismo de cada consumidor y hasta de la calidad de la sustancia. Por otro lado, intervienen factores sociales como los que favorecen la marginalidad de los consumidores, ya que se los obliga a vincularse con la real delincuencia de los dealers, de donde se nutren de la sustancia y por otro lado se los discrimina, “drogones”, “ciudadanos de segunda”, “desviados”, “delincuentes” en tanto son sometidos a un proceso penal.
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Superar la inmediatez
Marihuana y despenalización II
Podemos decir que la marihuana como el resto de los psicoactivos tiene un “potencial dañino” de forma tal que este si se combina con factores de riesgo pueden desencadenar efectos negativos en la salud mental. Ahora bien, si reconocemos esta capacidad de producir un daño en un sujeto determinado ¿esto habilita a decir que la marihuana por consiguiente es mala o como dice la Asoc. De Psiquiatras del Uruguay “es desaconsejable toda acción que facilite el uso de cannabis”? Debemos pensar en los efectos negativos que tiene sobre la “minoría” para concluir que si es mala para algunos, se trata de algo en esencia peligroso y perjudicial, desestimando que para otros pueda no serlo e incluso resultar positivo. La postura que se desprende del discurso psiquiátrico señalado parece en esta línea, “desaconsejan” su uso en general para toda la población, no se discrimina algún tipo de perfil de sujeto en particular, más bien el argumento pasa como hemos señalado por la lógica de que lo que podría ser malo para algunos ES malo.
Entonces, una de las preguntas que se nos plantean es qué sucede con la libertad de elección de cada uno de nosotros. ¿Por qué siendo una persona “normal” con capacidad de juicio no podría elegir utilizarla cuando no me ocasionaría ningún daño? O aunque sí me lo causara pero igualmente decido que eso es lo que quiero? Hablamos de sujetos sin alteraciones del pensamiento, desde ya que hemos naturalizado que para la “locura” no hay posibilidades de elección, pero resulta más incomprensible reconocer que aún siendo sanos de juicio, la psiquiatría considere que tiene que existir un Otro que elija por mi, que el Estado en su papel de gran otro y en nombre de la “salud pública” decida por sobre las libertades individuales de cada uno.
Cabría reflexionar un poco a la cuestión de la elección. Desde ya que si hablamos de una adicción esta capacidad es cuestionable y hasta en un sentido amplio podemos decir que nadie elige nada. Desde el psicoanálisis sabemos que muchas de las cuestiones que consideramos “elecciones” son en realidad el producto de una historia particular, el resultado de un camino que comienza a recorrerse muy temprano en la infancia. Pero el psiquismo no es solamente el determinismo al que nos condicionan las primeras experiencias, el vínculo con nuestros padres y el efecto de lo traumático. Creemos que más allá de todo eso que se ha inscripto en nosotros y permanece en su mayor parte en el inconsciente, algo puede ser reescrito. Si nada pudiera hacerse no existiría el análisis ni nuestra profesión. Existe por lo tanto una acotada capacidad de elección en el psiquismo, por qué el Estado tendría que limitar aún más ese estrecho margen de libertad personal?. Siendo que el pacto social permanece al resguardo y mis acciones no perjudican a terceros.
Aún reconociendo el potencial destructivo de la droga pensamos que penalizar el consumo no resuelve el problema. Por un lado, la penalización del consumo no ha bajado los niveles del mismo sino que por el contrario este ha aumentado con los años; la vía punitiva en materia de salud no parece la más apropiada. Sí un Estado más ocupado en educación, en generar conciencia, implementar políticas públicas, coordinar estrategias de intervención en salud comunitaria y que trabaje sobre la prevención y promoción de salud en todos los niveles que atraviesan a la sociedad. Todo lo cual contribuirá sin dudas a ensanchar los estrechos márgenes de elección de los sujetos que mencionábamos antes.
Más allá de que algunos aspectos del psiquismo humano puedan ser reescritos y domeñados, en el interior del mismo encontramos fuerzas o pulsiones, que son parte de una realidad que se ubica entre la frontera de lo biológico y lo psicológico. Creemos que existe cierta predisposición en el sujeto hacia lo destructivo, ya sea dirigido hacia los otros o hacia él mismo. La “pulsión de muerte” de la que nos habla Freud está detrás de muchos de los procesos normales o patológicos que acontecen en el psiquismo. Entonces, más allá de todos los esfuerzos por minimizar sus efectos, por domesticarla, una parte de ella es esperable que persista. En esta línea de pensamiento el juez marplatense Roberto Falcone, considera que hay que:
“Asumir que el Estado no puede obligar a una persona a llevar adelante una vida sana bajo la coacción de que si no lo hace lo va a mandar a la cárcel. El Estado no puede proteger con el derecho penal las acciones que una persona dirige contra sí misma. Por eso es que la tentativa de suicidio no es punible ni tampoco la autolesión. El consumo de estupefacientes y la tenencia para consumo personal son actos preparatorios para la autolesión”
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8 de noviembre de 2009
Silvia Bleichmar: una psicoanalista comprometida
Pocas veces podremos encontrarnos con personas tan importantes para el desarrollo de las ideas y el pensamiento de nuestra época. Silvia Bleichmar (1944-2007), ha ocupando ese lugar por mucho tiempo en la escena cultural e intelectual Argentina. Psicoanalista, profesional doctorada en la Universidad París VII, docente, investigadora y escritora, ha escrito numerosos artículos, participado fervientemente en un sinfín de medios de comunicación, llevando adelante una labor crítica y comprometida con su tiempo, que trasciende los límites de la teoría psicoanalítica. En una época en la que el psicoanálisis está en crisis, cuando la imagen de los psicoanalistas ha quedado casi confinada a los espacios privados de las consultas y los divanes. Dice Bleichmar: "Si hay algo que me impacta mucho en la formación analítica es la pérdida de la ambición de incidencia en la cultura del siglo, que fue una ambición muy importante de los psicoanalistas hasta los años 60. Hay una pérdida de todo eso. Yo no sé si se han dado cuenta de que son muy pocos los psicoanalistas convocados para participar de los grandes eventos culturales del país, inclusive a escribir en los diarios."
Hace unos meses se editó el libro Superar la inmediatez (del cual hemos tomado el título a modo de homenaje para una columna en la que comentaremos noticias), en él se recopilan una serie de textos que antes fueron columnas de opinión o entrevistas que le realizaran.
Y agrega en relación al psicoanálisis: "Hace unos años yo hice una metáfora muy dura, diciendo que el psicoanálisis se ha convertido en algo así como las grandes extensiones de tierra improductiva de la oligarquía. A partir del poco trabajo productivo sobre él, siendo de una riqueza extraordinaria, se ha ido empobreciendo y llenando de alimañas... no en el sentido moral del término, sino en el parasitario."
Este libro permite reencontrarnos con esta pensadora, redescubrir los irresistibles contornos de sus ideas, sobre temas diversos que afectan a la sociedad Argentina.

Dos pasajes más del libro:
"Y hay una cosa muy impactante, que es la siguiente: se ha pretendido que la violencia en la Argentina viene de la pobreza, no es verdad. La violencia viene de años de impunidad de violencia de sectores que no han tenido el menor resguardo y que han hecho usufructo de la ley durante años, y además estos sectores han criado hijos impunes."
"Y hay una cosa muy impactante, que es la siguiente: se ha pretendido que la violencia en la Argentina viene de la pobreza, no es verdad. La violencia viene de años de impunidad de violencia de sectores que no han tenido el menor resguardo y que han hecho usufructo de la ley durante años, y además estos sectores han criado hijos impunes."
"La discriminación es la forma manifiesta que asume el deseo de colocar al otro fuera de la categoría de semejante, y en la medida en que lo coloco fuera de la categoría de semejante, todo me está permitido. Este es el modo de excepcionalidad con el cual funcionó el fascismo; lo primero que hace es colocar al otro fuera de la categoría de semejante. Este es el modo con el que operó la dictadura, los "subversivos", entre comillas, ya no eran ciudadanos sino portadores de gérmenes y procreadores de hijos rebeldes".
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30 de agosto de 2009
Las sesiones de duración variable
Lacan las inventó, una de sus innovaciones técnicas más importantes. Se trata de sesiones cortas que no se rigen por la lógica temporal de la clásica sesión de 50 minutos. Pongamos que llega un paciente a su consulta semanal y luego de un silencio empieza a hablar, apenas ha pronunciado alguna frase el analista da por terminada la sesión. Ese es un ejemplo de una sesión de duración variable, generalmente más utilizadas por psicoanalistas lacanianos. Podría imaginarse el desconcierto del paciente si es que no está familiarizado con esta forma de trabajo. Pero Lacan podía llegar incluso más lejos. En el libro de Pierre Rey “Una temporada con Lacan” relata cómo en alguna oportunidad un analizante llega a su consulta, toca la puerta del famoso psicoanalista y este le suelta algo como: “hoy no vamos a tener sesión pero le voy a cobrar de todos modos”, con lo cual el sujeto se marcha confundido. Creo que es una técnica interesante que produce un corte que puede traer efectos útiles al tratamiento del paciente. Propone que la terapia está ligada a una lógica en donde lo terapeutico no es la sesión en sí misma ni lo que ocurre en ella sino que acontece fuera. Uno de los fundamentos de la sesión variable es el hecho de que el corte, la interrupción en una frase o palabra produce asociaciones, recuerdos, potencia el encuentro con lo nuevo. Todo lo cual podrá ser pensado entre sesión y sesión. La interrupción perturba y genera tensión pero también genera la posibilidad de encontrar nuevos significados y de ir más allá de las resistencias personales.
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